Los 4 pecados que cometí en mi primera presentación pública

Alexandra repasa la preparación de presentaciones públicas y la incomodidad al hablar en público

Los 4 pecados que cometí en mi primera presentación pública
02/06/2016 · Alexandra Maratchi

Una de las labores que van ligadas a mi trabajo es la preparación de presentaciones públicas. Para ser sinceros, en las primeras no me sentí cómoda, pero con los años he acabado disfrutando de algo que aterra a la mayor parte de la humanidad, hasta el punto que ahora incluso me atrevo a enseñar sobre el tema.

Pero, como decía, no siempre ha sido así. Para describir mi primera presentación pública solo hace falta un adjetivo: horrible. Fue a los pocos meses de salir de la universidad, durante mi periodo de prácticas en el departamento de marketing de una multinacional con sede en Milán, ante los jefes de departamento, que debían decidir si contratarme o acabar con mi etapa italiana.

La presentación no empezó del todo mal. Sí, estaba algo estática, y, sí, el zigzagueo del puntero evidenciaba mis nervios cada vez que apuntaba a la pantalla, pero no tenía que hacer más que seguir los puntos de cada slide. Hasta que…

- “Perdona, ¿cómo has calculado este segmento?”

El terror. De golpe, mi cuerpo quedó suspendido, con mi mirada fija en la responsable de marketing que había lanzado la pregunta: me quedé en blanco. No recordaba ni una de las variables que usé para hacer los cálculos. Y, obviamente, desde ese momento la presentación se convirtió en un desastre.

Con el tiempo entendí que aquello no pasó por casualidad y me sirvió para identificar lo que llamo “los 4 pecados capitales de las presentaciones públicas”:

  1. Exceso de confianza: esto no tiene nada que ver con los nervios. Durante las semanas previas dediqué incontables horas a preparar el diseño, los materiales, la estrategia, las diapositivas,... pero no tenía ni idea de qué iba a decir. Tenía la sensación de haber preparado a fondo la presentación, pero lo cierto es que no había dedicado ni un minuto a pensar cómo explicaría mi propuesta. Mi plan era seguir lo que decían las slides, lo que más que un plan era un suicidio. Así que, primera lección: NO IMPROVISES.
  2. Obviar a tu audiencia: aquella presentación era ante mis superiores, pero lo cierto es que si hubiera tenido que hacerla ante unos estudiantes de primer curso en aquél momento no hubiera hecho nada diferente. ERROR. ¿Qué necesidad tenían los directivos de una multinacional de volver a repasar conceptos básicos de marketing? Lo que esa audiencia esperaba era que les sorprendiera, que aportara ideas nuevas, no que volviera a repasar el análisis de mercado que ellos mismos habían preparado para otros proyectos.
  3. No tener un objetivo claro: ¿qué quería vender en esa presentación? Debería haberme hecho esta misma pregunta antes de ir a la presentación, pero no fue el caso. El objetivo era que se llevaran una buena impresión de mi y que me contrataran, pero no lo tuve en cuenta. El resultado fue una presentación lineal, soporífera, sin momentos destacados…
  4. Falta de autoanálisis: obvié el cargo de quien me escuchaba, pero no solo eso: tampoco entendí cuál era mi posición en ese escenario. Yo era una simple estudiante de prácticas meritando por mi primer contrato laboral, no un ponente de TED ante una audiencia deseosa de escucharle, así que no fue una buena idea presentarme con un discurso plano sin elementos de seducción. Pregúntate quién eres para tu audiencia y así sabrás qué esperan de ti y qué prejuicios tendrán. Si no, habrás obligado a 7 directivos a hacer un hueco en su ocupada agenda para escucharte a cambio de nada.

De aquella primera experiencia traumática he acabado sacando enseñanzas que me han ayudado a crecer profesionalmente, pero, por si teníais dudas, no logré el trabajo.

Alexandra Maratchi

Alexandra Maratchi

Co-fundadora & Directora General