Acoso sexual laboral: qué es y cómo prevenirlo en tu organización

El miedo a denunciar, la estigmatización de las víctimas y los prejuicios son algunas de las aristas que dificultan lidiar con un fenómeno tan común y problemático como este.

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A pesar de la explosión del feminismo como fenómeno social en la conversación social durante los últimos años, algunos patrones culturales todavía están en las antípodas en lo que se refiere a cambios de paradigma de comportamiento. El acoso sexual laboral es uno de ellos.

Como sucede con el acoso callejero, el acoso en redes o cualquier tipo de avasallamiento sobre la integridad física o emocional, en la mayoría de los casos las receptoras de este tipo de comportamiento resultan ser mujeres, o bien, personas feminizadas.

Tod_s en algún momento de nuestras vidas hemos escuchado hablar acerca de este tema. El concepto de “acoso sexual” es transversal y, podríamos decir, está instalado en la conversación social. Sin embargo, gestionar este tipo de situaciones dentro del ámbito laboral es hasta el día de hoy un enorme desafío para quienes están a cargo de la gestión de personal. 

Esto se debe a que cuando se trata de definir, evitar, comprender, denunciar y enfrentar el acoso sexual laboral como una problemática concreta y compleja en las organizaciones, entran en juego otros aspectos que exceden la esfera profesional.

Tabla de contenidos:

1. Qué es el acoso sexual

Aunque a primera vista pareciera sencillo de definir, el acoso sexual a menudo no es tomado con la seriedad que merece. Esto se debe a que muchas de las conductas que constituyen una forma de acoso son entendidas como “naturales” dentro de nuestra cultura.

Lo que muchas veces se disfraza o justifica como coqueteo, flirteo, humor o caballerosidad, en muchos casos es lisa y llanamente acoso sexual. Sobre todo, cuando este tipo de comportamientos tienen lugar en el ámbito laboral.

Ahora bien, ¿qué es entonces el acoso sexual? El acoso sexual es cualquier tipo de avasallamiento verbal o físico, directo o indirecto, no consensuado ni deseado por quien es objeto de recibirlo.

El acoso sexual no tiene solamente una tipología. Esto significa que, aunque puede coincidir, no necesariamente implica el uso de la violencia física, amenazas o cualquier tipo de amedrentamiento. 

Según la definición del Parlamento Europeo en su directiva número 2020/73/CE, el acoso sexual se puede entender como:

La situación en que se produce cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo.

En el mismo sentido que establece el Parlamento Europeo, la legislación actual española determina en la Ley de Igualdad que se considera acoso sexual a:

Cualquier comportamiento, verbal o físico, de naturaleza sexual que tenga el propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo.

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2. El acoso sexual laboral

Ahora bien, cuando tenemos que referirnos a conductas inapropiadas dentro del mundo profesional entran otro tipo de elementos que complican todavía más su apropiada detección.

Si de por sí el acoso de cualquier índole implica un juego de poder, ya que una parte se encuentra involuntariamente sometida a la voluntad de quien lo ejerce, en el mundo del trabajo este hecho se encuentra naturalizado. Esto se debe a que, lógicamente, las organizaciones de todo tipo operan bajo jerarquías. 

Usualmente se tiende a creer que el acoso sexual laboral se da en forma de hecho aislado, dentro de compañías con una cultura anticuada y dentro de un nicho específico. Pero lo cierto es que la realidad es totalmente diferente. 

De acuerdo con un informe publicado por la Secretaría Confederal de la Mujer del Sindicato de Comisiones Obreras (CC.OO.), un 18,3% de las mujeres trabajadoras españolas asegura haber sufrido al menos una situación de acoso sexual durante su vida profesional.

Según el mismo informe, el 62% de las mujeres que se ven sometidas a ese trato intentan evitar todo tipo de vínculo con el acosador llegando a optar por abandonar el lugar de trabajo como forma de terminar con el problema. Solamente el 3% de las trabajadoras víctimas de acoso sexual laboral  denuncia el hecho ante las autoridades judiciales.

Esto se debe a que el acoso sexual (como el mobbing o la discriminación por motivos de género, etnia, religión, orientación sexual, etc), no solo es infravalorado con frecuencia, sino que a menudo la víctima es tratada de “exagerada” o incluso “mentirosa”.

Tanto es así que, según recopila el reporte de CC.OO., el 36,7% de los trabajadores varones considera que las acusaciones de acoso sexual son simplemente un "arma" que se utiliza en su contra por parte de las mujeres con las que trabajan.

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3. Causas del acoso sexual en las empresas

La justificación tradicional hace que el peso de la responsabilidad de ser el objetivo de atención sexual recaiga sobre la víctima y no sobre la persona que ejerce ese mecanismo vejatorio.

La actitud en el trabajo o el aspecto físico y vestimenta son argumentos clásicos empleados para revictimizar a aquellas personas que, simplemente, han sido avasalladas en su integridad física, psicológica y/o emocional.

Lejos de lo que puedan “provocar” o “seducir” las víctimas de acoso, y más allá de cualquier noción de galantería, lo cierto es que las conductas sexuales inapropiadas nada tienen en común con una auténtica atracción o interés romántico de una persona hacia a otra.

De acuerdo con un estudio publicado por Organización Internacional del Trabajo, el acoso sexual laboral es un problema endémico, producto de la inequidad social que hace a las mujeres blancos fáciles debido a la vulnerabilidad estructural anclada en la disparidad de género.

Desde la brecha salarial, hasta conceptos como el “techo de cristal” (que define la dificultad en el ascenso profesional para las mujeres) o el “suelo pegajoso” (que se entiende como la imposibilidad de despegarse de roles de cuidados), todos ellos hacen a las mujeres y feminidades objeto de juegos de poder.

Además, en ocasiones el acoso sexual laboral puede estar fundado en una fuerte competitividad o sensación de amenaza por quien lo ejerce, debido a las competencias laborales de la víctima. En este tipo de situaciones, el acoso o incluso la violencia sexual, se constituyen como herramientas punitivas. O dicho en otras palabras “para poner a la mujer en su lugar”.

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4. Cómo evitar el acoso sexual laboral

Como hemos visto, las dinámicas de poder y el contexto social dificultan el entendimiento y la visibilización de este fenómeno que está naturalizado por hombres y mujeres.

Las dificultades de acceso al mundo profesional, el miedo a perder el trabajo, así como la falta de entendimiento sobre qué es el acoso pueden hacer que las personas que lo sufren se percaten de esto cuando la situación llega al límite.

Es por eso que el rol principal de las empresas y quienes se encargan de la gestión humana será el de evitar que esto suceda. Para ello es importante considerar algunas iniciativas que pueden encontrarse recopiladas en la Comisión de Derechos Humanos de Australia, que aconsejan: 

  • Establecer estrategias.
    Las empresas deben dedicar especial atención a, en sus políticas internas, tipificar apropiadamente aquellas conductas que se consideran indebidas y nombrarlas como lo que son: acoso sexual laboral. 

    Todas las personas de la plantilla deben saber hasta qué punto sus observaciones, contacto físico y chistes son o no aceptables dentro del ámbito laboral y por qué motivo. Esto evitará malentendidos y facilitará que las víctimas se sientan validadas para reportar cualquier episodio.
     
  • Formar a los equipos.
    Como sucede con otras habilidades blandas, quienes integran una empresa deben recibir educación e información para comprender cuestiones relacionadas con la diversidad en el trabajo y sus implicancias, con la finalidad de prevenir situaciones indeseables.

    Para ayudar a las organizaciones en dicha tarea, en Homuork contamos con el curso online Prevención del acoso sexual en el trabajoproducido junto al equipo de profesionales de BAMA Psicología. 
     
  • Crear espacios seguros.
    Realizar auditorías, encuestas, entrevistas cara a cara o promover un buzón anónimo de denuncias o sugerencias es una buena idea para crear un ambiente donde existan la credibilidad y la confianza sobre los testimonios de cualquier persona que se sienta hostigada. Del mismo modo, cuidar de la privacidad y proveer contención emocional a profesionales que sufran o hayan sufrido acoso sexual, es primordial.

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5. Cinco datos sobre la gravedad del acoso sexual en el trabajo

Para tener una idea de cuál es el impacto del acoso sexual laboral, al menos en España, hay numerosas fuentes de información que ponen de manifiesto el alcance de estas conductas. Estas cinco estadísticas ponen de manifiesto el tamaño del problema que enfrentan miles de personas cada día:

  • Según la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE, el 90% de las víctimas de acoso sexual son mujeres. En este sentido, tanto los agresores como quienes sufren sus actitudes pertenecen a todo tipo de niveles educativos y culturales, condiciones económicas y sociales, así como rangos de edad.

  • Tres de cada cuatro mujeres que ejercen profesiones que requieren de una cualificación específica u ocupan un puesto directivo han tenido que soportar estas actitudes. También las han sufrido, por ejemplo, el 61% de las empleadas en el sector de los servicios.

  • En nuestro país, la Unión General de Trabajadores (UGT) contabilizó entre 2008 y 2015 un total de 2.484 denuncias por acoso sexual en el lugar de trabajo, equivalente a una denuncia cada día. Una cifra muy superior a la que cabría esperar de una sociedad que camina hacia la igualdad.

  • La Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida estima que solo el 15% de las afectadas por acoso sexual acaba denunciando su situación. Mientras, en España el porcentaje cae al 8%.

  • Entre 2008 y 2015, solo 49 sentencias condenaron a los responsables de las agresiones. “Para poder condenar una actuación de esta índole se necesitan pruebas y conseguirlas no siempre es fácil”, afirmó en El País la jueza Lara Esteve.

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6. Qué hacer si detectamos acoso sexual laboral

En ocasiones puede que seamos objeto de una situación de acoso o bien testigos de conductas que puedan resultar inapropiadas. Desde el punto de vista de quienes gestionan el personal, deben hacerse dos grandes diferenciaciones.

  • La primera es comunicar efectivamente a nuestra plantilla qué debe hacer ante este tipo de circunstancias. Es vital que quienes forman parte de la empresa sepan qué conductas constituyen el acoso sexual laboral. En el mismo sentido, deben estar al tanto de que cuentan con la posibilidad de reportarlo y que, cuando suceda, deben manifestar de forma verbal a la persona que acosa que su comportamiento es inaceptable.

    En caso de que la conducta se reitere, l_s emplead_s deben saber que tienen que reportarlo al departamento de Recursos Humanos, ya sea de forma escrita o verbal.

  • Por otro lado, desde el lugar de supervisor_s o mánagers, puede que nos encontremos con dos escenarios diferentes. El primero es recibir la queja formal y el segundo que seamos observador_s o receptor_s de comentarios acerca de conductas de naturaleza sexual en el trabajo.

    Por inofensivo que parezca el hecho, se debe actuar de inmediato, con discreción y activando todos los mecanismos estipulados por la política de recursos humanos.

    Esto puede implicar abrir paso a una investigación, entrevistas, o cualquier otro tipo de mecanismo creado para lidiar con este tipo de situaciones.

    En ningún caso se debe poner en tela de juicio a quien denuncia, del mismo modo que es desaconsejable elaborar juicios anticipados sobre quien presuntamente ejerce el acoso.

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7. La importancia del liderazgo femenino

Como hemos establecido anteriormente, una abrumadora mayoría de los casos de acoso sexual laboral tienen a varones como principales promotores y ejecutores de esta conducta sobre mujeres y feminidades.

Elaborar un análisis sobre el origen socio-cultural del acoso sexual como fenómeno en sí mismo es complejo. En el ámbito profesional, sin embargo, la dificultad de acceso a posiciones jerárquicas por parte de las mujeres es uno de los mayores precursores de situaciones de acoso.

Si tenemos en cuenta que solo un 27,7% de los sillones en consejos de administración de empresas que forman parte del Ibex-35 está ocupado por mujeres y apenas un 6% de las posiciones de presidencia, según datos del Instituto Europeo para la Igualdad de Género,  podemos concluir que la falta de representatividad constituye un gran problema. 

En este sentido, fortalecer la noción de liderazgo femenino puede establecerse como un mecanismo de control que contribuya no solamente a mejorar la representatividad y paridad, sino a facilitar la detección y concientización sobre el acoso.

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Sofía Delpueche

Periodista y content manager.

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